Voluntarios

Voluntarios

Nuestro Movimiento es como un cuerpo, formado de muchas partes y todas ellas importantes para su funcionamiento; si una de ellas falta o no funciona bien, el cuerpo entero se ve afectado. Al igual como sucede en una familia, si uno de sus integrantes está mal o ausente, repercute en toda ella. Y por el contrario, cuando cada uno de ellos ocupa su lugar en forma responsable y participativa, la familia entera se ve beneficiada por el ambiente fraterno que se produce.

El Padre Aldo siempre pensó en el Movimiento “Esperanza Nuestra” como en una gran familia, y nos decía “….en el Movimiento de Discapacitados nos apoyamos, unos a otros, como en una familia…”. Y dentro de una familia, cada integrante tiene un rol o función importante que cumplir, ya sea como padre, madre, hijos, abuelos, tíos, etc.

Como decíamos anteriormente, en el Movimiento, al igual que un cuerpo o en una familia, cada persona tiene un papel muy importante que cumplir. Es así que las personas discapacitadas tienen la misión de luchar por llegar a ser sujetos de acción y apóstoles de sus hermanos, entre muchas otras; por otro lado, el Capellán debe entregar el apoyo espiritual; el Directorio se encarga de los grandes lineamientos de esta obra; los Colaboradores apoyan en las necesidades materiales que se presentan; y una labor importantísima es la que realizan los llamados Voluntarios.

En la historia de “Esperanza Nuestra”, muchos voluntarios dejaron su huella. El Padre Aldo, que era discapacitado físico, crea esta obra de la mano de voluntarias, que llegaron con él desde Italia y con otros que encontró en Chile. Ellos le ayudaron a moverse para contactarse con otros discapacitados y llevar a cabo el ideal que lo trajo a este país. Otros voluntarios colaboraron con él para levantar el Centro en Maipú y la casa “Sierva del Señor” en el Cajón del Maipo, que hoy los vemos sólidos y hermosos, al servicio de tantas personas. Con el correr de los años, otros van llegando para entregar su amor y solidaridad con las personas discapacitadas que el Centro iba albergando. Lo mismo fue ocurriendo en los Grupos que se iban formando, a través de los años. Hasta el día de hoy, todas las actividades que se han realizado (Retiros, Vacaciones, Peregrinaciones, Aniversarios y Jornadas) no habrían sido posibles sin la participación de voluntarios, que se preocuparan de empujar las sillas de ruedas, de prestar su hombro para que alguien se afirmara, de preparar los alimentos, de acompañar al baño, de ayudar a levantarse, bañarse o vestirse, de ayudar a comer, de hacer aseo, de apoyar actividades recreativas, como juegos, bailes, piscina; y algo muy importante, de entregar su amistad y cariño a las personas discapacitadas, creándose un lazo de unión especial, pasando a segundo plano las diferencias.

En estos momentos, el valor del servicio que los voluntarios entregan es tanto o más importante que en el pasado, pues el Movimiento y las otras líneas de acción han crecido y las actividades han aumentado. Esta es, quizás, una de las razones por la que los voluntarios deben preocuparse e interesarse por su formación y crecimiento personal, como una manera de apoyar, de mejor forma, a quienes lo necesitan.

Podemos concluir que esta gran familia, llamada “Esperanza Nuestra”, permanecerá unida en el amor fraterno y perdurará en el tiempo, si cada uno de sus integrantes, ya sean discapacitados o voluntarios, entrega lo mejor de sí.